Autoetnografía Lara Campos
Dicen #error y siento confusión. ¿Qué es? Me cuesta identificarlo. Siento simpatía y a la vez algo me dice que no. Veo un guardarrail. Pienso que el error guía mi práctica. Busco su significado:
instalada en el borde de las carreteras y autopistas para evitar que los vehículos se salgan de la vía en caso de accidente. Me gusta que se llame quitamiedos. También lo entiendo como algo que me lleva y consigo me permito ver a dónde. Intento integrarles en el proceso. Noto cierta apertura a dejarme llevar, pues voy un poco así. Me siento cómoda con la incertidumbre de lo que pasará, en algunos casos, claro. Creo que esto cambió mucho los últimos 10 años de mi vida. Puedo decir que sucede desde que migré y aparecí por acá.
Aprendí a
Transformar abismos, acomodarme en grietas no tan cómodas, y estirarlas para hacerme lugar. Creo que tiene que ver con el desapego de la casa, los afectos, las expectativas.
Desapego de todo, en el que la incertidumbre se vuelve amiga, o aprendemos a navegarla. También en mi caso, se superpuso con una capacidad de asombro infinita. Quiero indagar en esa sensación de que el error me genera simpatía y a la vez no. Pienso que me cuesta perder el control, y en mis altos grados de exigencia. Entonces,
Pienso en mi exigencia frente a lo que no funciona, no sale como esperaba, no hay tiempo. Intento, intento, intento, que funcione. Darle la vuelta. Si no funciona suelo sentir frustración, pero últimamente aparece la risa. También creo que me cuesta identificarlos porque estoy acostumbrada a los errores, como parte de los procesos de investigación material. Puedo pensar en mis metodologías porosas, iterativas, bastardas de la ciencia. Mientras escribo esto, recuerdo que siempre digo que habito los márgenes de la ciencia, también del arte, y que no tengo el deseo de pertenecer a ninguno. Me gusta habitar sus márgenes, siento que hay más espacio. Mis metodologías se basan en prueba y error. Probar, probar, probar, fallar, fallar, fallar. Repito el gesto, la técnica, la composición, y voy modificando variables.
Indispensable para frenar, mirar, pensar, y decidir hacia donde continúo. Cambiar, ajustar, adaptar. He notado que también soy bastarda de mis propias metodologías. Hago recetas para no seguirlas. También lo hago para explorar sus márgenes. Tengo el afán de siempre cambiar algo a ver que pasa. Las veo distintas, las retoco, las ajusto. Provocar el cambio, ver algo diferente.
Durante el proceso de esta auto-etno-errografía, he estado gran parte del tiempo de residencia en un entorno rural, investigando sobre caracoles. Si bien había ido allí para trabajar en materialidades situadas y había tomado la decisión de moler las caracolas para ver a dónde me llevarían matéricamente, había llegado a un punto en el cual no lograba hacerlo. Me encontraba atascada en recolectarles, organizarles, observarles melindrosamente, analizarles. Tanto estuve en la acción de no-hacer (materia) más que reflexionar y escribir, que empecé a preguntarme si la
podrían ser un error, o no llevarme a ningún sitio. Trataba de encontrarle incesablemente y apareció la concepción de error al menos. Mientras también habitaba la incertidumbre de cerca, y pensaba que están muy cerca. Una la siento como ansiedad por el devenir, mientras que la otra su disparador- autor de un devenir desconocido. En ese momento pensé que igual ambas son cuestión de habitar el tiempo- sin prisas- y confiar en las herramientas que tenemos para transitar lo desconocido. Consulté a amigxs como viven el error. Me quedo con las ideas de presencia, aprendizaje y oportunidad.
También me introducen al movimiento Errorista, un deleite para mi auto-etno-errografía. Reviso su manifesto, recojo y me inspiro en su universo de palabras. Pienso en armar un ficcionario errorista, expandirlo. Pensar en un lenguaje para errar. Lo uno al palabrerío robado del libro que leí al comenzar la investigación, sobre el andar errático.
atravesar
abrir
reconocer
descubrir
atribuir
comprender
inventar
asignar
trazar
dibujar
hollar
habitar
explicar
recorrer
percibir
guiar
observar
escuchar
navegar
husmear
acceder
encontrar
albergar
construir
recoger
indagar
explorar
dejarse llevar
orientarse
perderse
sumergirse
adentrarse
vagar
andar
errabundear
Andar por caminos que no estaban previstos. Pienso el error como contra-cultura, contra-máquina. Lo sistematizado, lo eficiente, lo productivo. Imagino. Programar el error. Documentarlo. Investigar las causas del error para poder reproducirlo. Repetirlo en serie. ¿Qué es? ¿Cuánto cuesta? ¿Cómo luce? ¿Qué forma tiene? Vuelvo a otro texto que hace poco fermenta en mí su concepto de bricoleur. Arreglador, artesano. Proviene del verbo bricoler, arreglar o crear algo usando materiales disponibles que no fueron diseñados para ese fin. Vuelvo a pensar en mis herramientas para transitar lo desconocido. Vuelvo al error. Quiero visibilizarlo, verbalizarlo, abrazarlo, acogerlo y volverlo mundano. Quiero mostrarme vulnerable, errada y seguir improvisando.